Los roles de Patricia Vicente

El brillo de los ojos marrones de Patricia Vicente se enciende cada vez que se habla de teatro, cámaras y micrófonos. A esta viguesa de 38 años –que aparenta una década menos– le entró el gusanillo de la actuación cuando apenas tenía cumplidos los 10. Crecida a partir de los 2 años en la ciudad suiza de Lausanne, a la que emigraron sus padres desde Galicia, en la escuela aprovecha cada oportunidad de participar en funciones teatrales. Con su vocación artística precoz y su don de gentes, en 2006 entra a formar parte del Grupo de Teatro en Español de Lausanne, dirigido por Rafael Sancho. A partir de allí todo se desencadena. Interpreta el personaje principal Margarita en «La Tercera Palabra» de Alejandro Casona, la protagonista Frasquita en «La Pícara Molinera» de Ricardo López Aranda, Cristina en «Usted no sabe con quien está hablando» de Juan José Alonso Millán, la esposa del banquero suizo Philippe Hildebrand en un sketch satírico sobre también un tal Bárcenas, es Dorotea en «Murió Tommy» y Micaela en «El Patio», ambas obras de Beatriz Zapata. Hoy esta española se está convirtiendo en un valor al alza de Suiza como voz en off de varios documentales, videos y anuncios.

Pregunta. ¿Recuerdas tu primer papel?

Respuesta. Ha sido en la obra «Aya Ladina y los bandoleros», de Enriqueta Capellades, donde he desempeñado el rol protagonista en el marco de un teatro navideño. En la escuela siempre peleaba por la interpretación del personaje principal. Pequeña, ya me encantaba leer y devoré la colección de literatura infantil «El Barco de Vapor». Con la literatura francófona me pasaba lo mismo: no veía el momento de que la maestra llegara a la V de mi apellido para adjudicarme la lectura de un párrafo.

P. Te gustan las palabras…

R. ¡Las palabras y tomar la palabra! Reconozco que siempre he sido dada a hablar, demasiado. Los profesores remitían notas a mis padres quejándose de mi indisciplina parlanchina. Y todavía hoy, en eso peco por gula.

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«Los profesores remitían notas a mis padres quejándose de mi indisciplina parlanchina.»

P. Quienes te conocen destacan tu espontaneidad. ¿Eso ayuda para la actuación?

R. Claramente. También hay que destacar la utilidad de la práctica y de la formación. Se lo digo a los padres cuyos hijos estén ya interesados por esta vía. De los 12 a los 16 años he sido integrante de un grupo de improvisación teatral, que me aportó mucho. Luego me apunté a un curso de la universidad para perfeccionarme como cuentacuentos y narradora. Hoy sigo con mi formación actoral y de puesta en escena, en la Escuela de cine de Ginebra. Hay que aprender sin cesar y mejorar continuamente.

P. ¿Tienes algún método peculiar de ejercitar la interpretación?

R. Puedo compartir algo curioso, sí. Cada vez que mi novio y yo viajamos en coche, él conduce y yo llevo la lectura de un libro. Interpreto los distintos personajes variando las voces. A Fred le encanta esta radio muy nuestra, nos reímos mucho. Lo último ha sido con el libro «Los patitos feos también besan», de Jane Green, donde la redondita Jemima descubre la web al final de los 90 y es bastante cómico.

P. Parece que de repente la voz ha cobrado una singular importancia en tu recorrido…

R. Ante todo, una anécdota. Durante un viaje, un chamán me dijo dos cosas. La primera: que la rana era mi tótem. La segunda: que yo estaba presente para curar con mi voz. Esto último no se me va de la cabeza desde que me propusieran hacer la voz de un anuncio para una empresa de recursos humanos. Se sucedieron las ocasiones: hice la voz interpuesta en el video de presentación de una institución pública suiza, en el documental «Loin des armes» («Lejos de las armas») sobre los ex niños soldados y últimamente en el film «Risas por la paz» que muestra el viaje de un grupo de clowns actuando en Colombia e incluso ante las FARC, a favor del desarme.

«Un chamán me dijo que yo estaba presente para curar con mi voz.»

P. ¿Cuál es tu próximo proyecto?

R. Hay un trabajo en curso de voz en off en un documental suizo sobre Canadá. Y posteriormente presentaré un cuento en un festival, este otoño.

Un plato es el alcalde, un vaso es el vecino

De comer. Mejillones a la vinagreta.

De beber. Un albariño.

Una personalidad. La actriz Clara Lago («Ocho apellidos vascos»). Me encantaría ser su voz en francés.

Un lugar. Champassak, un pueblo al sur del Laos. Desayunando allí al borde del río Mekong experimenté una sensación de tranquilidad como nunca antes.

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