Coloquen ustedes los espejos

En este tiempo en el que el otoño parece haberse convertido en un prematuro invierno. En el que se acorta el día y se cambia la hora, estamos viviendo un período lleno de desesperanzas, de profunda recesión de los valores democráticos y de perplejidad ciudadana ante el rumbo que van tomando las sociedades occidentales. Es suficiente con observar cómo flaquea y retrocede el espacio público y cómo se va imponiendo el individualismo más feroz, para tener la sensación de que estamos asistiendo al final de una era. Ayudamos, quizá sin percatarnos del todo, a la paulatina descomposición y evaporación del significado de ciudadanía.

Los partidos políticos de ideologías reaccionarias, xenófobas y totalitarias avanzan peligrosamente. Pero, no tanto por su vileza y perversidad o por la escasa condición intelectual y humana de sus dirigentes, que también, sino por el seguimiento borreguil de una ciudadanía sin norma ideológica, ni sensato razonamiento u opinión y, cada vez, más vacía, simple y deshumanizada.

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Tomen como ejemplo Brasil. Que un racista defensor de la pena de muerte, homófobo y favorable a la tortura, Jair Bolsonaro, haya ganado las elecciones es todo un síntoma. Este personaje que tomará posesión el próximo 1 de enero del 2019, como nuevo presidente del país más extenso y potente económicamente de América Latina, y que se permite decir que “a través del voto, no va a cambiar nada en este país”, representa una seria amenaza para la democracia.

Las dictaduras alcanzadas en las urnas por medio de partidos de extrema derecha, a través de mensajes populistas y de acciones disfrazadas de autoritarismo, han alcanzado algunos gobiernos de los cinco contenientes. Están ahí, y vuelven a echar raíces entre los ciudadanos. Y allí donde ya han arraigado se van robusteciendo, y las verdaderas democracias se debilitan. De las dictaduras de toda la vida, como la que representó y desempeñó nuestro aciago, doloroso y fúnebre “generalísimo”, poco hay que comentar que no se sepa. No obstante, sí hay mucho que señalar y revelar sobre algunos de los actuales gobernantes de los cinco continentes que han obtenido legalmente el poder y que, con astucia y otras vidriosas artes, dirigen los gobiernos, camuflados y revestidos de demócratas.

Estos falsos demócratas y amorales personajes, saben manipular muy bien a la opinión pública, utilizar diestramente las instituciones, los modernos medios de comunicación social y la propaganda política para montar redes afines y obtener fieles ciudadanos a sus opacas, turbias y ruines causas. De manera que, una vez exhortados y fidelizados adecuadamente con falsas promesas, posverdades y presunciones patrias, los ciudadanos, estén ya predispuestos para el sacrificio colectivo votando contra sus propios intereses. Coloquen ustedes los espejos que les sirvan como ejemplos.

Juan Antonio Valero ha sido director de la Agrupación de Lengua y Cultura de Lausanne (VD)

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