Juan Carlos I, lo reciente frente a la trayectoria

La salida de España del rey emérito Juan Carlos no era necesaria. Al menos así parece a tenor de lo que sabemos hoy. De forma contraproducente, el teatralizado acto ha propagado en parte de la opinión pública la sensación de presenciar una huida y un reconocimiento de culpabilidad, cuando difícilmente ese podía ser el propósito. Más aún si se considera la voluntad del emérito de permanecer a disposición de la Justicia. Como no podía ser de otra manera en pleno verano y en un año de importante bajón de actividades, la información se ha convertido en el centro de atención de los medios de comunicación. La obsesiva curiosidad de conocer el país de destino va a rellenar un tiempo los espacios mediáticos, manteniendo el tema en la actualidad informativa y por tanto en las conversaciones de calle. Del sorprendente episodio de esta semana se han dado eco las portadas de la prensa extranjera, con el consecuente impacto en la imagen del ex monarca y de la Corona, salpicando de paso la reputación de todo un país en un momento ya especialmente crudo.

En medio de tal agitación emerge otro problema. El rey Juan Carlos está siendo sentenciado incluso sin haber sido sometido al proceso de cualquier causa judicial. Si la ley es igual para todos, como el propio protagonista ha reconocido en un famoso discurso, el monarca emérito rendirá cuentas sobre los asuntos que generen dudas a la Justicia. Pero también tendrá derecho –y tiene ya derecho– a la presunción de inocencia. ¿Quiénes somos los demás ciudadanos, medios nacionales y extranjeros, para condenarle sin juicio? El Estado de Derecho implica que se respeten estas bases también para Juan Carlos I ya que, valga la redundancia, la ley es igual para todos.

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Sea cual sea el desenlace a medio o largo plazo, al rey Juan Carlos habrá que valorarle por su legado global. En esta óptica entrarán obviamente los últimos años, lo que quede demostrado en relación a las informaciones que naturalmente tanta perplejidad están causando, pero también tendremos que ser capaces de ver más allá de lo estrictamente reciente y contemplar la trayectoria completa desde la Transición. Seamos más o menos adeptos de la monarquía, más o menos republicanos, gozamos hoy de unas libertades y de instituciones en cuya consecución Juan Carlos I ha desempeñado un papel trascendental. Ha sido una figura clave en el alcance de soluciones de concordia durante varias etapas históricas. Entre todos, hemos logrado un sistema ciertamente mejorable, pero democrático y estable, con un modelo de Jefatura del Estado al amparo de la polarización que tanto caracteriza a nuestro país, cuya política refleja los fuertes contrastes de una sociedad diversa y plural. Posiblemente Juan Carlos I no sea tan blanco como lo han pintado unos, ni tan oscuro como de repente parece cómodo pintarlo hoy. Es debido y justo, en clave de Historia, que como cualquier figura pueda ser situado en el punto que le corresponde, sin exageraciones ni desprecios. También en ello se demostrará nuestra madurez como sociedad.

Marco Ferrara, de Lausanne (VD), es secretario general del PSOE Lausanne y ha sido portavoz del PSOE Europa del 2004 al 2012

Artículo adelantado el 6 de agosto en el blog Semáforo abierto

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